Corría la década de los años 70 en la capital potosina. Al Club Deportivo Potosino solía asistir con frecuencia un miembro llamado Michel Ésper, un hombre conocido entre los cantineros y socios por su buen humor y sus gustos muy específicos a la hora de refrescarse después de jugar tenis o convivir en las instalaciones.
El “Invento” de Michel Ésper
En aquellos tiempos, la cerveza se tomaba al tiempo o directamente de la botella fría, sin mayor complicación. Sin embargo, en un día de calor intenso, Michel decidió pedir algo diferente para bajar la temperatura.

Le solicitó al barman del club una copa “chabela” (un copón grande de vidrio), la cual pidió que llenaran con hielo, el jugo de varios limones y un toque de sal. Acto seguido, Michel vació una cerveza clara dentro de la mezcla, agitó un poco y le dio el primer trago.
El experimento resultó ser una genialidad: una bebida sumamente refrescante, ligera y con el balance perfecto de acidez y salinidad.
¿Cómo pasó de “La copa de Michel” a Michelada?
La combinación era tan llamativa que los demás socios del club comenzaron a sentir curiosidad. Pronto, al llegar a la barra, los amigos y conocidos de Michel ya no pedían una cerveza normal; le decían al cantinero: “Quiero una limonada como la de Michel” o “Sírveme una copa tipo Michel”.
Con el paso del tiempo, el nombre de la mezcla se fue acortando por pura fonética de bar, evolucionando de “la mezcla de Michel” a, simplemente, “Michelada”.
La otra versión: El origen etimológico
Aunque la historia de Michel Ésper es la más querida y popular (especialmente en el territorio de la 57), existe una segunda teoría más simple y lingüística que convive en el argot popular.
Esta versión señala que la palabra es simplemente la contracción de la frase: “Mi chela helada” (Mi – chela – lada), haciendo referencia a la costumbre norteamericana de servir la cerveza en vasos escarchados con sal y hielo, adaptada al modismo mexicano de llamar “chela” a la cerveza.
La evolución del sabor: De la clásica a las “Gomichelas”

El concepto original potosino (hielo, limón y sal) se conoce hoy en gran parte del país como una “chelada”, debido a que la receta original mutó al añadirle salsas negras (inglesa, jugo Maggi), salsa picante, chamoy y chile en polvo para escarchar, bautizando a esta versión cargada como la “michelada clásica” o cubana.
Hoy en día, la creatividad mexicana en las paradas de carretera y ferias como la FENAPO ha llevado esto a niveles astronómicos, creando variantes con clamato, camarones, gomitas, fruta de temporada (como el xoconostle o mango) y serpentinas de dulce.
Guía del Viajero de la 57: La escala técnica perfecta
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