Para quienes formamos la comunidad de Ruta 57, devorar kilómetros nos demuestra que el mapa de México resguarda auténticas cápsulas del tiempo. En los límites con Michoacán, cobijado por densos bosques de pino y encino, se encuentra El Oro, un Pueblo Mágico cuya fisonomía no se parece a ninguna otra en el centro del país.
Inspirados en las bitácoras oficiales de la Secretaría de Turismo (SECTUR), este destino es un glorioso antiguo asentamiento minero que vivió su época de esplendor a finales del siglo XIX. Con una arquitectura de clara influencia europea (estilos neoclásico y art nouveau), El Oro es el paraje definitivo para los rutereros que buscan nostalgia, elegancia arquitectónica, aire de montaña y una excelente parada técnica en la carretera. ¡Apaga el motor y descubre sus tesoros dorados!
Joyas arquitectónicas y postales del esplendor
Caminar por El Oro es transportarse de inmediato a la época en que sus ricas minas de oro y plata atraían a inversionistas franceses e ingleses. Los imperdibles de su traza urbana son:
- El Teatro Juárez: Una auténtica obra maestra de estilo neoclásico. Su fachada de piedra resguarda un interior opulento con palcos de madera esculpida y un techo decorado con un espectacular lienzo de estilo art nouveau. Es de los pocos teatros de su tipo en un pueblo minero..

- El Palacio Municipal: Un edificio señorial con hermosas torres que destaca por su mural “El Génesis de El Oro”, el cual retrata el duro trabajo de los mineros y el auge del pueblo a inicios del siglo XX.

- El Tiro Norte: Una imponente estructura de madera de más de 30 metros de altura que servía para bajar a los mineros e izar las toneladas de metal precioso. Hoy en día cuenta con un mirador que ofrece una panorámica brutal del entorno boscoso.

- El Museo de la Minería: La parada obligatoria para entender el alma del pueblo. Aquí se exhiben herramientas antiguas, planos de los túneles subterráneos y muestras reales de los minerales que enriquecieron a la región

Paisajes boscosos y presas para el descanso
Si tu espíritu ruterero busca conectar con la naturaleza, a las afueras de la cabecera municipal te esperan dos espejos de agua espectaculares: la Presa Brockman y la Presa Victoria. Rodeadas de tupidos bosques de pino, son el escenario ideal para rentar una cabaña rústica, practicar la pesca deportiva, dar paseos en lancha o simplemente disfrutar de una caminata bajo la niebla serrana.

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