Para quienes formamos la comunidad de Ruta 57, la llegada de la temporada vacacional es el banderazo de salida para encender motores y buscar destinos que lo tengan todo. En el Estado de México, cobijado por densas montañas y un clima boscoso espectacular, se encuentra Valle de Bravo, el Pueblo Mágico que se consolida año con año como el oasis de descanso, aventura y lujo definitivo del centro del país.
Ya sea que busques el subidón de adrenalina de los deportes extremos o el descanso absoluto en una cabaña frente a la chimenea, Valle de Bravo despliega sus encantos durante los días de descanso. Prepara la bitácora de viaje, porque aquí tienes la radiografía de lo que te espera en este icónico paraje.
La mítica laguna y el pulso náutico
El corazón de este destino es su espectacular presa o laguna, un espejo de agua rodeado de cerros boscosos que durante las vacaciones se llena de vida. Es el escenario ideal para:
- Navegación y diversión: Rentar un velero, un yate para pasar la tarde o practicar esquí acuático y wakeboard.
- Kayak y Paddle Board: Si buscas una actividad más tranquila a primeras horas de la mañana, recorrer las orillas de la laguna en kayak ofrece una conexión única con la naturaleza y unas postales fotográficas brutales.
Adrenalina en el aire y la montaña
Valle de Bravo es reconocido a nivel internacional como uno de los mejores sitios para el vuelo libre. Si tu espíritu ruterero no le teme a las alturas, no puedes dejar pasar estas experiencias:
- Vuelo en Parapente o Ala Delta: Despega desde el famoso Cerro de La Torre o El Peñón y planea junto a instructores certificados sobre toda la cuenca, disfrutando de una vista aérea que te dejará sin aliento.
- Senderismo y Enduro: Las reservas naturales de Monte Alto (conocido como el cerro del agua) y Valle de Venda ofrecen kilómetros de senderos perfectos para el ciclismo de montaña, caminatas bajo los pinos y rutas de motociclismo de montaña.
El encanto colonial del centro histórico
Tras un día de aventura, la parada técnica en el pueblo es obligatoria. Sus calles empedradas, casas con fachadas blancas y tejados de arcilla resguardan una vibrante oferta cultural y gastronómica. Camina por la Plaza Principal, visita la Parroquia de San Francisco de Asís y disfruta de las boutiques de arte, artesanías de cerámica de alta temperatura y textiles de la región.
Para cenar, la oferta va desde los tradicionales antojos en los mercados locales (como la barbacoa y los consomés) hasta restaurantes de alta cocina internacional situados en terrazas con vistas espectaculares a la laguna.
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