Quienes recorremos constantemente la Carretera Federal 57 sabemos que llegar a la capital potosina siempre promete un reencuentro con la historia, la cantera rosa y las tradiciones más arraigadas de México. Pero si hay un punto en la ciudad que ha visto pasar generaciones de viajeros, locales y leyendas, ese es el histórico barrio de El Paseo. Justo ahí se levanta la Plaza de Toros “El Paseo” (Fermín Rivera), un coloso que resguarda 124 años de herencia viva y que se mantiene como uno de los recintos más bellos e icónicos del estado.
Para la comunidad ruterera que busca descubrir el alma de los destinos más allá del camino, nos echamos un clavado al pasado para conocer la evolución de este templo del arte taurino potosino.
Del tablón a la cantera: Los orígenes de la fiesta en SLP
La pasión por la fiesta brava en tierras potosinas no nació ayer. Desde mediados del siglo XVIII, las corridas se realizaban de forma improvisada en plena Plaza de Armas o en las plazuelas de los barrios tradicionales durante sus fiestas patronales. Fue hasta 1815 que se levantó la primera plaza formal, hecha de madera, detrás de la iglesia del Montecillo.
A lo largo de todo el siglo XIX, la ciudad vio nacer y desaparecer plazas de madera, adobe, cal y canto en rumbos conocidos por todos: la Calzada de Guadalupe, la Plazuela de San Juan de Dios y la plaza de la Independencia en el jardín de Santiago. Incluso existió la plaza de la Constancia, la cual funcionó hasta que la célebre e histórica inundación de 1933 dio cuenta de ella, así como otra más en plena Alameda, junto al templo de San José.
El nacimiento de un grande: “El Paseo”
El verdadero capítulo de oro comenzó a escribirse en la última década del siglo XIX. En 1895 arrancó la construcción de la Plaza de Toros ”El Paseo”, edificada de forma contigua a la antigua Plaza de España.
A pesar de sufrir deterioros, accidentes y suspensiones a lo largo de los años debido a los vaivenes de la historia, a mediados del siglo XX el coso fue objeto de una reforma total y profunda, adquiriendo la majestuosa fisionomía con la que nos recibe hoy en día:
- Estilo y Capacidad: Posee una bellísima traza de estilo andaluz y cuenta con una capacidad para albergar a 7,500 espectadores.
- Infraestructura: Está equipada con todas las instalaciones modernas necesarias, incluyendo un sistema de alumbrado eléctrico ideal para las vibrantes corridas nocturnas.
- Museo Vivo: En sus pasillos y estancias resguarda valiosas obras de arte taurino que rinden homenaje a la historia de la tauromaquia en el estado.
Hoy en día, la plaza lleva con orgullo el nombre del legendario torero potosino Fermín Rivera, consolidándose como un orgullo arquitectónico de la capital.

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