Alergia sin síntomas

Alergia sin síntomas

¿Puedes tener alergia sin síntomas? Cómo detectar y frenar la prealergia.

Desde hace tiempo se conoce que existen test cutáneos y/o IgE específica positivos a algún alergeno sin síntomas clínicos. Es lo que conocemos como sensibilidad sin relevancia clínica o lo que nosotros hemos denominado prealergia.

Por ejemplo, un paciente puede tener test cutáneos positivos a las gramíneas y no tener síntomas en primavera. Es una situación totalmente opuesta a lo que sucede en la alergia local, aunque la fisiopatología parece la misma.

¿La prealergia puede derivar en cuadros clínicos con sintomatología?

Claro que sí. Puede desarrollarse un cuadro compatible con una rinoconjuntivitis o un asma bronquial.

El asma bronquial puede presentarse de forma directa o evolucionar a partir de un cuadro previo de rinoconjuntivitis, tal como se ha demostrado anteriormente.

¿Es posible evitar que evolucione a un proceso alérgico con síntomas?

Un cuadro de prealergia puede desarrollarse con el tiempo y convertirse en un proceso alérgico típico con sintomatología y pruebas diagnósticas positivas, como test cutáneos y/o IgE específica. Esto sucede en la mayoría de los pacientes que presentan un cuadro de prealergia.

¿Podemos evitar esta evolución?

Sí. En los últimos años, a nivel internacional se ha adoptado el enfoque de “más vale prevenir que curar”. Diversos estudios han demostrado que el uso de la inmunoterapia alérgeno-específica puede frenar o incluso evitar la progresión desde la prealergia hacia cuadros clínicos alérgicos totalmente desarrollados.

En resumen, la prealergia es un proceso que forma parte de lo que se conoce como “marcha atópica”. Puede evolucionar hacia formas clínicas con síntomas de un cuadro alérgico, como la rinoconjuntivitis o el asma bronquial, pero su progresión puede frenarse mediante inmunoterapia alérgeno-específica.

Como podemos comprobar, una de las acciones más importantes de la inmunoterapia es la prevención de la aparición de los procesos alérgicos.

Créditos

Este artículo está inspirado en el contenido publicado por Dr.Prof. Francisco Javier Monteseirin Mateo en Top Doctors

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