Intolerancias y alergias alimentarias en niños: mitos y verdades
¿Es lo mismo alergia que intolerancia?
No. La alergia alimentaria implica una reacción del sistema inmunológico frente a una proteína concreta del alimento. Puede provocar síntomas cutáneos (urticaria), digestivos, respiratorios e incluso reacciones graves como la anafilaxia. En la infancia, las más frecuentes son la alergia a la leche de vaca, el huevo, los frutos secos y el pescado.
Por el contrario, la intolerancia alimentaria no está mediada por el sistema inmunitario. Suele deberse a un problema en la digestión o metabolización del alimento, como ocurre con la intolerancia a la lactosa. Los síntomas son principalmente digestivos: distensión abdominal, gases o diarrea, pero no conllevan riesgo vital.
Confundir ambos diagnósticos puede generar alarma innecesaria o, por el contrario, minimizar una situación potencialmente grave.
Mito 1: “Si un niño tiene síntomas digestivos, seguro que es intolerante”
La evidencia científica muestra que muchos síntomas digestivos leves en la infancia forman parte del desarrollo normal del sistema gastrointestinal. Antes de retirar alimentos básicos como la leche o el gluten, es imprescindible realizar una valoración médica y nutricional adecuada.
Eliminar alimentos sin diagnóstico confirmado puede provocar déficits de calcio, vitamina D, hierro o proteínas, especialmente en etapas de rápido crecimiento.

Mito 2: “Las pruebas de intolerancia comercializadas son fiables”
El diagnóstico debe basarse en una historia clínica detallada, pruebas específicas indicadas por el especialista y, en algunos casos, dietas de exclusión controladas.
Mito 3: “Las alergias infantiles siempre duran toda la vida”
No necesariamente. Muchas alergias alimentarias en la infancia, como la alergia a la leche o al huevo, pueden resolverse con el tiempo. La reevaluación periódica por parte del especialista es clave para valorar la adquisición de tolerancia y evitar restricciones prolongadas sin motivo.
Un enfoque actual: educación nutricional y calidad de vida
Más allá del diagnóstico, el aspecto menos abordado suele ser el impacto emocional y social. Los niños con alergias pueden experimentar ansiedad en el entorno escolar o en celebraciones sociales. Por ello, es esencial trabajar la educación nutricional familiar, la lectura correcta del etiquetado (según la normativa europea vigente) y la coordinación con centros educativos.
Ante la sospecha de alergia o intolerancia alimentaria en un niño, se recomienda acudir a un profesional sanitario cualificado en Nutrición y Dietética para garantizar un crecimiento saludable, evitar déficits nutricionales y mejorar la calidad de vida familiar.
La información contrastada y el acompañamiento profesional son las mejores herramientas para desmontar mitos y proteger la salud infantil.
Créditos
Este artículo está inspirado en el contenido publicado por el Maria Marqués Feliu, Nutricionista de Top Doctors
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