Hay esquinas en los centros históricos que guardan secretos mucho más pesados que los cimientos de cantera sobre los que descansan. Para quienes disfrutan descubriendo el lado oculto y misterioso de los destinos que cruzan por el Altiplano, la capital potosina esconde entre sus callejones historias que desafían la lógica. Hoy nos adentramos en el misterio de la imponente sucursal bancaria ubicada en pleno corazón de la ciudad, un sitio donde las transacciones de hoy conviven con los lamentos y el tintinear de monedas de una época oscura.
Basada en los relatos recopilados por Mariano Aguilar Martínez en su obra Leyendas Potosinas, esta es la crónica de una fortuna maldita y un pasado que se niega a descansar.
De “La Linterna Roja” a la Residencia de los Almaza
Mucho antes de que el edificio moderno del Banco Nacional de México (Banamex) ocupara el predio, el terreno albergaba una casona habitada por la familia Almaza. Sin embargo, los muros de esta propiedad ya cargaban con una reputación siniestra desde años atrás, pues había sido levantada sobre los escombros de una cantina de mala muerte conocida como “La Linterna Roja”.
Aquel establecimiento clandestino era famoso por atraer a forasteros incautos, tahúres y mujeres de vida galante. Lejos de ser un simple sitio de esparcimiento, la cantina operaba como una trampa mortal: los clientes eran embriagados, despojados de todas sus pertenencias y, en muchas ocasiones, asesinados a traición.
El propietario del lugar, un hombre llamado Mauro Lara, convirtió su propio negocio en un cementerio clandestino donde sepultaba a las víctimas para borrar cualquier rastro de sus crímenes.
La Fortuna Oculta y el Fin de Mauro Lara
Gracias a los robos y asesinatos perpetrados contra los viajeros, Mauro Lara amasó una inmensa fortuna. No obstante, la maldad acumulada encontró su propio final cuando una de las mujeres involucradas en los amoríos y crímenes del lugar lo asesinó en un arrebato de traición. La homicida fue capturada y pagó su delito tras las rejas, pero la cuantiosa fortuna de Lara jamás salió a la luz; se quedó enterrada y guardada para siempre bajo los pisos de la propiedad.
Tras el crimen, la casa quedó abandonada. Los escasos valientes que intentaron rentarla o habitarla salían despavoridos a los pocos días, incapaces de soportar la atmósfera de terror que envolvía el lugar: por las noches se escuchaban estruendos de peleas, gritos desgarradores, el arrastrar de pesadas cadenas y un persistente tintineo de monedas que caían y rodaban contra el suelo, como si manos invisibles contaran un tesoro maldito.
Luces Fantasmales y Misterios de Medianoche
Con el paso de los años, la casona original fue demolida y en su lugar se levantó el actual edificio bancario. Paradójicamente, la modernidad y el ir y venir de empleados y clientes durante el día no lograron apagar las presencias del pasado.
Se cuenta que los veladores y empleados nocturnos prefieren guardar silencio por temor al qué dirán, disimulando el miedo ante los crujidos inexplicables que resuenan en los pasillos vacíos. Pero el secreto se delata al caer la medianoche: transeúntes noctámbulos que caminan por la zona aseguran haber visto luces tambaleantes en las ventanas del banco, moviéndose lentamente como si fueran velas sostenidas por manos descarnadas que vigilan su oro perdido.
Views: 7
