Recorrer el corazón del país nos ha enseñado que las ciudades no solo se descubren con la mirada, sino también a través de los sonidos que envuelven sus calles. Si caminas por el Centro Histórico, el Paseo de la Reforma o las plazas de la Ciudad de México, hay un sonido melancólico, constante y entrañable que detiene el tiempo de golpe: las notas de un organillo.
Los organilleros son mucho más que músicos urbanos; son guardianes de un oficio centenario, un patrimonio vivo de la capital y un símbolo de resistencia cultural ante la modernidad. Si vas a hacer una parada técnica en la CDMX este verano, prepara la bitácora para conocer la historia de estos personajes que musicalizan el día a día chilango.
Los inicios: Un regalo europeo que México adoptó con el corazón
La tradición de los organilleros no nació en suelo mexicano, sino en Europa durante el siglo XIX, principalmente en Alemania. Estos pesados instrumentos mecánicos llegaron a México durante la época del Porfiriato, un periodo en el que la sociedad mexicana adoptó con fervor las modas, la arquitectura y el arte europeos.
Originalmente, las empresas alemanas (como la famosa casa Frati & Co.) rentaban los instrumentos a los inmigrantes y locales para que salieran a tocar a las plazas. Rápidamente, el organillo se mudó de los salones de alcurnia a las calles populares. Durante la Revolución Mexicana, los organilleros se convirtieron en los grandes divulgadores de las noticias y el sentir popular, recorriendo los campamentos militares tocando “La Adelita” o “Las Coronelas”, consolidándose así como una parte indispensable de la identidad nacional.
La vestimenta: El uniforme de la gallardía revolucionaria
Ver a un organillero en la actualidad es presenciar una estampa del México de principios del siglo XX. Su vestimenta es un homenaje directo al ejército de Francisco Villa (la División del Norte):
- El uniforme café o caqui: Portan con orgullo un pantalón y una camisola en tonos tierra o beige, completamente alineados al estilo militar revolucionario.
- El quepí: Una gorra rígida militar que corona su uniforme y que cumple una doble función: darles distinción y servir como el recipiente donde los transeúntes depositan sus monedas en agradecimiento por la música.
Mantener este uniforme limpio y portarlo con gallardía es una regla de oro entre los miembros del gremio, demostrando el respeto que le tienen a su propio oficio.


El organillo: Una obra maestra de la ingeniería mecánica
El instrumento que cargan a cuestas estos artistas es una auténtica joya de la ingeniería del siglo XIX. No utiliza electricidad ni sistemas digitales; es un aparato puramente mecánico:
- El cilindro de madera: Al girar la manivela, se activa un cilindro de madera que tiene incrustadas miles de diminutas puntas y grapas metálicas de forma artesanal. Cada puntilla corresponde a una nota musical.
- El sistema de aire: Al mismo tiempo que gira el cilindro, un fuelle interno genera aire que pasa a través de pequeños tubos o flautas de madera y metal, produciendo ese sonido tan peculiar, nostálgico y ligeramente desafinado que los caracteriza.
- El repertorio: Cada organillo resguarda en su cilindro un promedio de 8 canciones fijas. En México, los cilindros fueron modificados para tocar temas clásicos del repertorio nacional como “Cielito Lindo”, “Bésame Mucho”, “El Rey” o las composiciones de Agustín Lara.

Cargar este instrumento no es tarea fácil: un organillo promedio pesa entre 40 y 50 kilos, y los músicos lo transportan sobre la espalda apoyados en un solo mono pié de madera para equilibrarlo mientras tocan durante jornadas de más de ocho horas bajo el sol.
Conexión directa desde la Ruta 57
Para nuestra comunidad ruterera que desciende del norte sobre la Carretera Federal 57, encontrarse con los organilleros es sumamente sencillo una vez que ingresas al Valle de México. Al dejar tu vehículo resguardado, camina por el Paseo de la Reforma (a la altura de la Alameda Central), la Plaza de la Constitución (Zócalo) o las calles peatonales de Madero y Cinco de Mayo. Ahí, rodeados de la imponente arquitectura monumental de la capital, es donde el eco del organillo resuena con más fuerza.
Views: 11


